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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

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domingo, 7 de enero de 2018

“Les explico como me trataba el Isis”. Dramáticas confesiones de una prisionera cristiana.
Qaraqosh, Irak.


     Maryam fue capturada en febrero de 2015 en Siria y la ocultaron en Raqqa. No sufrió violencia, pero intentaron convertirla.

     Un año, un mes y cinco días. Tanto duró la dramática prisión de Maryam, una cristiana raptada por el Isis en febrero de 2015, en el valle de Khabur, en el nordeste de Siria, junto a otros doscientos cristianos sirios.

     En L’Espresso (4 enero) ha contado ese dramático periodo vivido en un escondite subterráneo de Raqqa, en el periodo en que la ciudad fue proclamada capital del Estado Islámico.

La “división”.

     “Era por la mañana”, recuerda Maryam, “intentamos escapar pero el río estaba en crecida y estábamos rodeados. Capturaron a mi padre, mientras mi madre y yo nos escondimos en casa de un vecino. Después de un par de días nos descubrieron y nos llevaron a Shaddadi“. En esta localidad, a unos cincuenta kilómetros de la ciudad de Hassakeh, hombres y mujeres fueron separados.

Pollo y verduras.

     Maryam (entonces quinceañera) y su madre acabaron en una casa de tres habitaciones con otras 40 mujeres. “Nos controlaban continuamente, y nuestros carceleros no querían que rezáramos. Pero no nos faltaba nada, comíamos pollos y verduras de la huerta”. Después de cinco meses en Shaddadi fueron trasladadas a Raqqa.

Se fingió enferma.

     En un primer momento, las prisioneras estaban juntas, después Maryam fue puesta en aislamiento mientras que sus compañeras de cautiverio eran liberadas una a una: “No imaginaba que entre tanto hubieran liberado a todas las demás. Si me lo hubieran dicho, probablemente me habría matado”.

     Maryam vivía en una celda oscura. Para ver la luz del sol se fingía enferma para ir al hospital y salir así al exterior.

Intentos de conversión al Islam.

     Durante su cautiverio, la joven no sufrió violencia física. También gracias a las negociaciones emprendidas por el obispo sirio Mar Afram Athneil, no la convirtieron en esclava sexual, ni la dieron como esposa a combatientes bajo el efecto de las drogas.

     Pero sus captores intentaron varias veces convertirla. “Mátame, o devuélveme a mi familia”, respondía ella.

Leer y rezar

     Su jornada estaba marcada por los momentos de la comida, siempre abundante: patatas, carne, arroz, dulces. Un soldado, Abu Zinab, con quien estrechó una relación algo amistosa, se lo pasaba a través de los barrotes: “Lo dejaba caer al suelo para no tocarme las manos”.

     Las únicas distracciones eran tres piezas de Lego de colores con las que jugaba en las interminables jornadas de soledad, un anillo en forma de corazón de la hija del carcelero Abu Osama, y las oraciones escritas a mano por otra prisionera, que se las dio al poco de llegar a Raqqa.

La mañana de la liberación.

     La mañana de su liberación, julio de 2016, Maryam rezaba apretando en las manos esas hojas manoseadas durante meses. “Sonríe desde el corazón – le dijo Abu Zinab tras llamar a su celda te llevamos con tu familia, te echaremos de menos”. Después fue a rezar y volvió a recogerla dos horas después.

     El shock de su cautiverio fue tal que Maryam necesitó dos meses para recuperarse. Al principio se escondía en casa y salía sólo para ir a misa.

Fuente: es.aleteia.org