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La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo – Milicia del Temple, es un instituto totalmente nuevo dentro de la Iglesia Católica, aunque inspirado en la antigua Orden.

1º.- No reivindica ninguna sucesión histórico – jurídica con la antigua Orden del Temple abolida en 1314, como lo hacen otras asociaciones autodenominadas “templarias”, que no es otra cosa que una total falsedad.

2º.- No tiene nada que ver con las creencias esotéricas de todas y cada una de estas asociaciones.

3º.- La Santa Sede ha prohibido a la Milicia del Temple tener contactos con este tipo de asociaciones.

Aprobada por la Santa Iglesia Católica, l a Milicia del Temple – Pobres Caballeros de Cristo, se complace en recibir a hombres y mujeres católicos. Por tal motivo, pedimos que cuando se pongan con nosotros en contacto por primera vez, incluyan los siguientes detalles: Su nombre y apellidos, localidad y provincia donde residen, parroquia a la que pertenecen, edad, si conoce a algún caballero o dama personalmente y si no, como se enteró de nosotros. No buscamos en este primer contacto una biografía completa, pero si un pequeño perfil a través del cual comenzar el proceso para tener en consideración su petición de unirse a nosotros.

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domingo, 23 de abril de 2017

El drama de ser cristiano y marroquí: entramos en las 'catacumbas' donde rezan en Marruecos


     Mustapha Susi, hijo de un imán, se convirtió en un 'apestado' al confesar que no era musulmán. El Código Penal de su país castiga el proselitismo de otra religión con seis meses de cárcel.

     "Es el momento de dejar de poner la luz en un cajón", afirma rotundamente Mustapha Susi haciendo alusión a un proverbio francés extraído del Evangelio de San Lucas. En definitiva, se refiere a "salir a la luz" y declarar voluntaria y públicamente que es cristiano, algo que ha mantenido oculto para no ser estigmatizado.

     "Soy 100 por cien marroquí, amo a mi país, a mi rey, a nuestro pueblo, pero soy cristiano", afirma Mustapha Susi en un entrevista con EL ESPAÑOL. Sí, tiene nombre musulmán, y considera una "tontería" cambiárselo porque "aparece en la Biblia, como Ali, Abdulah o Mohamed; éste existía antes de que el Profeta naciera". De hecho sus hijos se llaman Ousama y Nada. De todos modos, aunque quisiera usar un nombre bíblico no podría en Marruecos, donde están prohibidos.

     Susi es señalado en su ciudad, Taroudant (a 80 kilómetros de Agadir) y arrinconado en su trabajo por convertirse al cristianismo y, sobre todo, por confesarlo públicamente. Discriminación que también sufre su familia. Su mujer y sus hijos se vieron obligados a trasladarse a vivir a 600 kilómetros para que "en el colegio dejaran de molestar y discriminar a mis niños". A pesar de ello, Mustapha quiere ir con la verdad por delante y desde hace tres meses confiesa abiertamente: "Soy cristiano". Inmediatamente aclara: "No vengo de la luna, tengo DNI marroquí, bebo té y visto con yilaba". Es decir, hace lo que cualquier marroquí, solo que tiene una religión diferente a la musulmana, algo que los marroquíes no "consideran normal y no aceptan". 

     El padre de Susi era el imán de Taroudant, una localidad "muy cerrada y religiosa" al sur de Marruecos. "La mayoría de los cristianos se concentran en la región del sur, desde Marrakech a Dakhla, porque es la más islámica", explica Susi. Allí estudian el Corán "intensamente" y entonces "es más sencillo que encuentren contradicciones". Su progenitor le obligó a seguir los estudios islámicos, pero una década después propuso a su grupo de la escuela coránica realizar un análisis bíblico. "No tenía las cosas claras y sentía que mi corazón estaba vacío", aunque sus compañeros creyeron que Susi realizaba un lectura comparativa del Corán y la Biblia "para encontrar las contradicciones" del texto cristiano. Siete años leyendo e interpretando la Biblia, y se cambió de religión.
"Pensaba que era el único cristiano en el país" cuando en 1994 se convirtió al cristianismo. Sin embargo, un año después recibió una invitación para asistir a una fiesta de Navidad en Agadir y allí se encontró con más de treinta marroquíes cristianos. Entonces pensó, "no estoy solo", y comenzó a establecer relaciones religiosas en todas las ciudades del país.

     Su familia le ha retirado la palabra, e incluso le ha pedido que se quite el apellido. "En Taroudant la gente lo sabía", pero la confesión de "viva voz" le ha apartado de la sociedad. Su familia "practicante y cerrada" le ha retirado la palabra, incluso "me han pedido que me quite el apellido". Su padre ha muerto y de los 7 hermanos que tiene, solo dos le hablan. "Únicamente para saludarme por la calle de lejos y de paso". En la comuna donde trabaja, una institución similar al ayuntamiento español, "me han quitado las carpetas y el trabajo, me han dejado solo en el despacho con una silla y una mesa".

Para leer artículo completo: www.elespanol.com