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jueves, 11 de febrero de 2016

TEMPLARIOS EN EL SIGLO XXI

                               Iglesia en la Sede Magistral dedicada a San Juan Evangelista

        Iglesia en la Sede Magistral: Foto di Rinascimento Sacro

Reflexión: ¿Ser templario en el Siglo XXI?

     ¿Se puede ser templario en pleno Siglo XXI? Esta es la pregunta recurrente que te suelen hacer los familiares y el círculo de amistades cuando saben de tu especial vinculación con aquella Orden militar de la que tanto se escribe hoy, aunque la mayoría no sea cierto.

     Muy al contrario de sorprendernos porque nos formulen esta pregunta, los sorprendidos son quienes la realizan, especialmente por lo concisa y breve de nuestra respuesta, sí.

     Sencillamente porque ser templario hoy es solamente, aunque haga falta un gran esfuerzo en la situación en que vivimos, un compromiso más que se adquiere libremente en la forma de vivir nuestra fe y ser cristianos.

     Si antaño formar parte de la Orden del Temple significaba para sus miembros el doble compromiso de aunar la espiritualidad de un monje y la acción de un guerrero. Hoy ese mismo credo se manifiesta en los templarios de nuestro siglo siendo fieles seguidores de la palabra de Cristo y de la doctrina de la Iglesia Católica como aquellos monjes; haciendo de nuestra fe una militancia constante,  como aquellos guerreros. Por esto mismo es imposible ser templario de verdad fuera de la Iglesia.

     En la actualidad el templario moderno manifiesta la parte religiosa de aquella Orden trabajando para ser cada día mejor cristiano, una persona que ha puesto su fe y confianza en Jesucristo, demostrando el amor hacia los demás y la obediencia a la Palabra de Dios; intentando vivir en una sociedad sin valores como lo hizo Cristo, haciendo lo que Él hizo y evitando lo que Él evitó, porque a fin de cuentas  el cristianismo es un camino de vida.

     Pero además de eso, principios básicos a seguir por cualquier católico, el templario manifiesta aquella parte de guerrero en un mayor compromiso, porque milicia es eso: organización, entrega desinteresada, valentía, trabajo; en definitiva,  un mayor compromiso.

     Así un templario moderno no sólo intenta ser cada día mejor cristiano, mejor persona a fin de cuentas, sino que se revela contra cualquier intento de acabar contra esa libertad religiosa. Ese mayor compromiso le llevará a implicarse en nuestra sociedad (asociaciones, partidos políticos, iniciativas ciudadanas, etc.) para que sus libertades no sean restringidas.

     Un templario moderno tampoco permanece pasivo ante el genocidio de cristianos en Oriente Medio y África, colabora con las organizaciones humanitarias de la Iglesia para socorrer a los cientos de miles de hermanos desplazados que huyen de las atrocidades y además se implica socialmente reclamando a los gobiernos una rápida actuación para parar la masacre, ayudar a los que huyen y restituirles sus derechos.

     Ser templario en pleno Siglo XXI es ser un cristiano militante, activo, incansable, siempre dispuesto a implicarse por su fe y por sus hermanos, con constancia y convicción.

     Pero también ser templario en pleno Siglo XXI es no olvidarse de los principios fundacionales de aquella Orden, como era la defensa de los Santos Lugares, y hoy apoyando a la Custodia de Tierra Santa para que en esta tierra de Jesús el cristianismo siga vivo y no se convierta en un museo monumental de nuestra fe.

     Sí, se puede ser perfectamente templario en este siglo si además se huye de ese otro concepto de Temple superficial y de lucimiento, más centrado por obtener que por dar y de fin de semana; porque ser templario hoy es compromiso, trabajo constante y desinteresado.

     La Orden del Temple fue suspendida o abolida, según se quiera traducir de la Bula papal. Nadie ha podido demostrar ni probar documentalmente ninguna línea de sucesión, por lo tanto la Orden del Temple como tal no existe en la actualidad, pero su legado sigue entre nosotros como ejemplo de compromiso a seguir por quienes quieran dar ese paso.

     Ese ejemplo fue recogido en 1979 por la Militia Templi, que se creó para aglutinar a todos aquellos templarios de nuestros días que no busquen nada más y nada menos que un mayor compromiso con su Iglesia y sus hermanos.

     Renunciando a la publicidad, títulos  ostentosos y falsas sucesiones ha sabido ofrecer una organización donde estos templarios puedan llevar a cabo ese compromiso en comunidad con otras personas que comparten la misma fe y planteamientos, permitiéndoles una herramienta por donde encauzar su amor por el Temple dentro de la Iglesia Católica,  por lo que no es de extrañar que sea la única organización reconocida canónicamente como asociación privada de fieles de derecho diocesano al amparo de los cánones 298, 299, 312, 321, 322 y 323 del Código de Derecho Canónico, y que haya concluido todos los trámites para su reconocimiento pontificio.

     Gracias a esto hoy no sólo podemos ser templarios, sino que gracias a Dios tenemos la posibilidad de desarrollarnos como templarios dentro de la propia Iglesia Católica.


Un templario del Siglo XXI

viernes, 5 de febrero de 2016

POR FIN



     Si, lo ponemos en mayúscula, POR FIN, gracias a Dios, una institución de la Unión Europea, la más importante a nivel democrático pues es la que representa a todos los ciudadanos de la Unión, despues de miles de salvajes asesinatos, decapitaciones, torturas, desplazamientos forzados y en definitiva el intento de aniquilación de los cristianos de Siria e Irak, como decíamos, POR FIN, esta Institución se ha pronunciado y se ha dado cuenta de que lo que está haciendo el ISIS es un GENOCIDIO, ha tenido que pasa tiempo, y hemos tenido que ver una y otra vez las salvajadas de este grupo para que la Institución que nos representa a nivel europeo, se haya pronunciado. Muy tarde, pero más vale tarde que nunca, aunque seguro que no ha habido consenso para unos hechos tan evidentes.


jueves, 4 de febrero de 2016

BONITO ARTÍCULO ESCRITO POR NUESTRO H. CARLOS, EL QUE DEJAMOS A CONTINUACIÓN DEDICADO A SAN JOSÉ COMO PROTECTOR DE LA FAMILIA .



San José,: Oración, silencio y sudor.


     San José es un modelo para toda la Cristiandad, y también motivo de escándalo en estos tiempos de tanto ruido, velocidad y competencia. Por lo primero que se caracteriza San José es POR NO DECIR UNA PALABRA, los Evangelios no recogen una sola palabra suya, es el eterno silente, el eterno escuchante, el eterno hombre de acción-viajando, trabajando y  protegiendo- pero también aquel que no toma la palabra.

     No cabe duda que si a algo asociamos el silencio nosotros es a UN TEMPLO. El lugar donde habita naturalmente el silencio es el templo. Un templo es un lugar de silencio donde habita Dios, de manera que su voz es escuchada, gracias a este silencio, más nítidamente. 

     Pues bien San José es un templo andante, un lugar silente de recogimiento permanente, y es por ello que logra oír a los Ángeles, es por ello que sus sueños-silenciosos- son canales de escucha del cielo, y es por ello también que el Espíritu le habla. El silencio de San José permite que se escuche la llamada de Dios.

     No sólo es un templo andante, San José es un viajero, un viajero al soplo del Espíritu, un viajero a la escucha de Dios que va de un lugar a otro protegiendo a su Sagrada Familia y por ello cumpliendo el Plan de Salvación de toda la Humanidad. No hay intereses personales, da igual que su carpintería fuera mal o bien, o que fuera o no inoportuna o no su cambio constante de residencia a Belén, a Egipto. San José es un miembro de la Milicia.

     San José es un custodio. Su misión es proteger a la Sagrada Madre y al Sagrado Hijo, defenderles, cuidarles en su peregrinación terrestre y cuidar de que no sufran un sólo rasguño. San José busca lugares seguros, se enfrenta a las dificultades y todo ello con absoluto silencio y ausencia de ruido, de protagonismo. El es todo entrega...

     San José es un artesano de las manos, no habla, trabaja, no se lo piensa, actúa, modela formas materiales y llenas de  impurezas para convertirlas en instrumentos útiles para el ser humano. Cree más en el sudor que en el discurso, su lugar de trabajo lleno de silencio, mientras enseña al Salvador (puesto que en el Evangelio a Jesús lo llaman "carpintero") el oficio, es la glorificación del Trabajo Humano en el que el Magisterio de la Iglesia da tanta importancia en "Laborem Exercems" , ya que el trabajo dignifica al hombre como Imagen de Dios. En silencio y sudando no ha lugar para el conflicto ni para la discusión, para el ruido ni para la vanidad. Sudor y silencio con oración es SANTIFICACIÓN.

     San José Templo, Padre, Custodio, viajero, trabajador... no he encontrado mayor modelo humano de Milicia de Cristo.. y aún esperan muchas más sorpresas.

miércoles, 3 de febrero de 2016




VEAN EL TESTIMONIO DE ESTA RELIGIOSA. OYÉNDOLA PODEMOS IMAGINARNOS LA REALIDAD DE LO QUE ESTÁ PASANDO EN SIRIA

Conferencia Testimonio de la Hna. Mª Guadalupe Rodrigo 2015-12-19: La persecución a los cristianos de Siria. Argentina que vive en Alepo.



domingo, 17 de enero de 2016


NO DEJEN DE VER ESTE DOCUMENTAL, NO PODEMOS OLVIDAR NI UN SOLO MINUTO LA SITUACIÓN DE NUESTROS HERMANOS PERSEGUIDOS.



LA NIÑA CHINA QUE MURÍO POR REPARAR UNA OFENSA A LA EUCARISTÍA

Una pequeña mártir que inspiró a Fulton Shenn a dedicar una hora al día a la adoración eucarística toda su vida.

     Unos meses antes de su muerte, el obispo Fulton J. Sheen fue entrevistado por un canal nacional de televisión: “Señor obispo, miles de personas en todo el mundo se inspiran en usted. ¿En quién se inspiró usted? ¿Fue por casualidad en algún papa?”.
     El obispo Sheen respondió que su mayor inspiración no fue un papa, un cardenal, u otro obispo, ni siquiera un sacerdote o monja. Fue una niña china de once años de edad.
     Explicó que cuando los comunistas se apoderaron de China, encerraron a un sacerdote en su propia rectoría, cercana a la iglesia. El sacerdote observó asustado, desde su ventana, cómo los comunistas invadían el templo y se dirigían al santuario. Llenos de odio, profanaron el tabernáculo, cogieron el cáliz y arrojándolo al suelo, se cayeron las hostias consagradas.
     Eran tiempos de persecución y el sacerdote sabía exactamente cuántas hostias había en el cáliz: treinta y dos.
    Cuando los comunistas se fueron, tal vez no se dieron cuenta o no prestaron atención a una niña que estaba rezando en la parte trasera de la iglesia y vio todo lo que sucedió.
     En la noche, la pequeña regresó y escapando del guardia que estaba en la rectoría, entró en el templo. Ahí, hizo una hora santa de oración, un acto de amor para reparar el acto de odio. Después de su hora santa, entró en el santuario, se arrodilló e inclinándose hacia delante, con su lengua recibió a Jesús en la Sagrada Comunión (en aquel tiempo no estaba permitido a los laicos tocar la Eucaristía con sus manos).

     La pequeña regresó cada noche, haciendo su hora santa y recibiendo a Jesús Sacramentado en la lengua. La trigésima noche, después de haber consumido la última hostia, accidentalmente hizo un ruido que despertó al guardia. Este corrió tras ella, la agarró y la golpeó hasta matarla con la parte posterior de su arma.
     Este acto de martirio heroico fue presenciado por el sacerdote que, profundamente abatido, miraba por la ventana de su cuarto convertido en celda.
     Cuando el obispo Sheen escuchó el relato, se inspiró de tal manera que prometió a Dios que haría una hora santa de oración frente a Jesús Sacramentado todos los días por el resto de su vida.
     Si aquella pequeña pudo dar testimonio con su vida de la real y bella presencia de su Salvador en el Santísimo Sacramento, entonces el obispo se veía obligado a hacer lo mismo. Su único deseo desde entonces sería atraer al mundo al Corazón ardiente de Jesús en el Santísimo Sacramento.
     La pequeña enseñó al obispo el verdadero valor de la devoción que se debe tener a la Eucaristía; cómo la fe puede sobreponerse a todo miedo y cómo el verdadero amor a Jesús en la Eucaristía debe trascender la propia vida.
Fuente: Aleteia

domingo, 10 de enero de 2016


10 RAZONES PARA ASISTIR A LA MISA TRADICIONAL.




    A continuación dejamos, un artículo  publicado  en la extraordinaria Web "Paix Liturgica", la cual recomendamos, del Profesor Peter Kwasniewski, autor en lengua inglesa, en el cual se dan díez razones para asistir a la Santa Misa Tradicional o Rito Gregoriano o Tridentino:

1. Seréis como los santos.

     Si se toma en consideración que la misa tradicional celebrada hasta 1970 era, en lo esencial, la de San Gregorio Magno (codificada hacia el año 600), estamos hablando de 1400 años de la vida de la Iglesia, es decir, la mayor parte de la historia de sus santos. Las oraciones, los himnos, las lecturas que han alimentado su fe son las mismas que alimentan la nuestra. Es la misa de Santo Tomás de Aquino, quien compuso el propio de la fiesta de Corpus Christi, es la misa a la que asistía San Luis Rey de Francia hasta tres veces por día, es la misa que sumía a San Felipe Neri en éxtasis de los que era preciso sustraerlo, es la misa que se celebraba clandestinamente en Inglaterra y en Irlanda en la época de las persecuciones, es la misa que rezaba San Damián de Molokai en la capilla construida con sus manos leprosas...

2. Lo que es verdadero para nosotros lo es aún más para nuestros hijos.

     La liturgia tradicional forma la mente y el corazón de nuestros hijos en la alabanza divina mediante la ejercitación de las virtudes de la humildad, la obediencia y la adoración silenciosa. Llena sus sentidos y su imaginación con los signos y los símbolos sagrados, con «ceremonias místicas» como las llamaba el Concilio de Trento. Los pedagogos saben que los niños son más sensibles a las ilustraciones visuales que a los largos discursos. La solemnidad de la liturgia tradicional abrirá a los niños catequizados a la trascendencia y hará nacer en muchos niños varones el deseo de servir en el altar.

3. La misa universal.

La liturgia tradicional no sólo establece un vínculo de unidad temporal entre nuestra generación y las que nos han precedido, sino también un vínculo de unidad espacial entre todos los fieles del globo terrestre. Antes de la reforma litúrgica, era un gran consuelo para los viajeros descubrir que más allá de las culturas y los climas, la misa era siempre la misma en todas partes, la misma que celebraba el sacerdote de su parroquia. Era también la más evidente confirmación de la auténtica catolicidad de su catolicismo. ¡Qué contraste con ciertas parroquias actuales donde la misa cambia de un sacerdote a otro y de un domingo a otro...!

4. Sabemos a qué atenernos.

     Una ceremonia centrada en el sacrificio de Nuestro Señor en el Calvario. El silencio, antes, durante y después. Monaguillos varones únicamente. Sólo manos consagradas para tocar el Cuerpo de Cristo. Nada de extravagancias en los ornamentos o la música. En otros términos, la única actividad que el hombre, cuando no si celebra de manera inadecuada, no puede desviar de su único objeto: la alabanza del verdadero Dios. El padre Jonathan Robinson, del Oratorio de San Felipe Neri, en su libro The Mass and Modernity (Ignatius Press, 2005), escrito antes de que se familiarizara con la liturgia tradicional, señala que la atracción principal y perenne de lo que aún era el rito antiguo reside en que ofrece «una referencia trascendente », aunque sea mal celebrada (1). Mientras que, en la misa nueva, nada garantiza «la centralidad del misterio pascual» (2).

5. Es el original.

     El rito romano tradicional tiene una orientación teo y cristo céntrica patente, manifestada tanto la en la posición ad Orientem del celebrante como en los ricos textos del misal que destacan el misterio trinitario, la divinidad de Nuestro Señor y su sacrificio en la Cruz. Como bien lo ha documentado el profesor Lauren Pristas (3), las oraciones del nuevo misal carecen de claridad en la expresión del dogma y de la ascesis católica; en cambio, las oraciones del antiguo misal no tienen ni ambigüedad ni equívocos. Cada vez es mayor el número de católicos que se percatan de hasta qué punto la reforma litúrgica fue precipitada y de cómo conduce a la confusión a causa de sus opciones casi ilimitadas y de su discontinuidad con los catorce siglos anteriores de oración de la Iglesia.

6. Un santoral superior.

     En los debates litúrgicos, una gran parte de los intercambios se centra, como es lógico, en la defensa o la crítica de los cambios aportados al ordinario de la misa. Pero no se debe olvidar que una de las diferencias más importantes introducidas en el misal de 1970 es su calendario, empezando por el santoral. El calendario de 1962 es una maravillosa introducción a la historia de la Iglesia, en especial, la historia de la Iglesia primitiva, hoy tan frecuentemente olvidada. Está ordenado tan providencialmente que la sucesión de ciertas festividades forma conjuntos que ilustran una faceta particular de la santidad. Por su parte, los creadores del calendario reformado han eliminado o degradado 200 santos, empezando por San Valentín. San Cristóbal, el patrono de los viajeros, ha desaparecido, con la excusa de que no habría existido, a pesar de las innumerables vidas que salva cotidianamente. Se ha privilegiado de forma sistemática la ciencia histórica moderna frente a las tradiciones orales de la Iglesia. Esta preferencia científica hace pensar en las siguientes palabras de Chesterton en su obra Ortodoxia: «Es muy fácil comprender por qué una leyenda se considera y debe ser considerada con mayor respeto que una obra histórica. La leyenda es, generalmente, obra de la mayoría de los miembros de la aldea, una mayoría de hombres sanos de espíritu. El libro, por lo general, está escrito por el único hombre loco de la aldea» .

7. Un temporal superior.

     El temporal también padeció alteraciones. El ciclo litúrgico es mucho más rico en el calendario de 1962. Cada domingo del año tiene su contenido propio, que constituye una suerte de marcador para los fieles gracias al cual pueden medir, año tras año, su progreso o retroceso espiritual. El calendario tradicional observa antiguas circunstancias recurrentes, como las Cuatro Témporas o las Rogativas que manifiestan, además de nuestra gratitud hacia el Creador, nuestra sumisión alegre al ciclo natural de las estaciones y de las cosechas. El calendario tradicional no tiene un «tiempo ordinario», expresión muy poco feliz si se considera que después de la Encarnación ya nada puede ser «ordinario»; en cambio, tiene un tiempo después de la Epifanía y un tiempo después de Pentecostés, lo que prolonga el eco de dichas fiestas. Como Navidad y Pascua, Pentecostés, fiesta no menor, tiene su octava durante la cual la Iglesia cuenta con tiempo suficiente para renovar su ardor bajo el influjo del fuego celestial. Sin olvidar el tiempo de Septuagésima que ayuda al pueblo de Dios a pasar con suavidad de la alegría de la Navidad al dolor de la Cuaresma. Todos estos tesoros preciosamente conservados nos conectan con la Iglesia de los primeros siglos...

8. Una mejor introducción a la Biblia.

     La opinión corriente pretende que uno de los progresos principales del nuevo Ordo es su ciclo trienal y las lecturas más numerosas que supuestamente ayudan a un mejor conocimiento de la Biblia. Pero con esto se ignora que si bien es cierto que la nueva disposición ha multiplicado las lecturas, también ha destruido el vínculo que las unía en el antiguo Ordo y que constituía la trama de la misa domingo a domingo. En materia de lecturas bíblicas, el Ordo tradicional responde a dos principios admirables:
- en primer lugar, los pasajes no se eligen por su propio interés (con el fin de cubrir la mayor extensión posible de la Escritura) sino para iluminar la festividad particular celebrada;
- en segundo lugar, el acento, más que en una mayor alfabetización bíblica de los fieles, está puesto en la «mistagogia». En otras palabras, las lecturas de la misa no han sido concebidas como un curso bíblico dominical sino como una iniciación progresiva a los misterios de la fe a través de la liturgia. Su número más limitado, su concisión, su pertinencia litúrgica y su repetición anual las convierten en un agente muy eficaz de formación espiritual y en una perfecta preparación para el sacrificio eucarístico.

9. La devoción a la Sagrada Eucaristía.

     Naturalmente, la forma ordinaria puede ser celebrada con reverencia y devoción y en el momento de la comunión, puede ocurrir que sólo la distribuyan los ministros ordenados a los fieles en la boca. Pero todos los domingos, en la mayoría de las parroquias ordinarias, se recurre a los ministros extraordinarios para dar la sagrada comunión a los fieles presentes, quienes, en gran medida, la toman, más que la reciben, con la mano. Estas dos actitudes minan profundamente el sacrosanto respeto debido al Santísimo Sacramento y, por ende, la comprensión del misterio eucarístico. Y aun cuando uno comulgue en la boca, poniéndose en la fila del sacerdote en vez de en la del ministro extraordinario, se corre el riesgo de acercarse a Jesús Hostia con el alma distraída, atormentada o incluso, indiferente, lo que no es mejor. Momento de gran solemnidad, tradicionalmente muy edificante para los niños, la comunión termina, de este modo, por convertirse en un momento de agitación y confusión. El olvido de la presencia real de Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía desemboca inexorablemente en la «protestantización» de nuestra relación con Dios. Mientras que el indulto de la comunión en la mano no sea abolido, la liturgia tradicional es la única vía segura para preservar y alimentar nuestra comprensión del misterio de la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo tanto en la Sagrada Eucaristía como en la Iglesia y en nuestras vidas de cristianos.

10. El misterio de la Fe.


     Si sólo hubiera que quedarse con una razón que justificara la elección de la forma extraordinaria, sería simplemente que ésta es la expresión más perfecta del Misterio de la Fe. Lo que San Pablo llamaban musterion y que la tradición latina designa con los términos de mysterium y sacramentum es todo menos un concepto marginal en la Cristiandad. La increíble revelación de Dios a los hombres, a lo largo de toda la historia y en particular en la persona de Cristo, es un misterio en el sentido más elevado del término: es la revelación de una realidad perfectamente inteligible pero siempre ineluctable, siempre luminosa pero enceguecedora por su misma luminosidad. Las ceremonias litúrgicas que nos ponen en contacto con Dios deberían llevar el sello de su esencia misteriosa eterna e infinita. Por su lengua sagrada, su ordenamiento, su música y la postura del sacerdote, la forma extraordinaria del rito romano tiene, sin duda alguna, ese sello. Al favorecer el sentido de lo sagrado, la misa tradicional conserva intacto el misterio de la fe (4).

Publicado en : http://www.paixliturgique.es/